
Durante año y medio compartí un apartamento en Manizales con una niña de Ibagué. Nos hicimos muy amigas hasta el día de hoy, tanto que desde que vivimos juntas hasta el año pasado, asistí a todas las fiestas de San Pedro (o San Juan?) en Ibagué. Vaya yo a saber por qué siempre iba si a mi no me gustan las ferias ni esa música que ponen, ni el parche de ir a tomarse una botella de güaro en una esquina porque si, me da mamera ver a la gente con sombrero y rabo e´gallo, ese pañuelito rojo que se amarra al cuello y sobretodo ese calor de los mil demonios. La cuestión es que siempre estaba allá e intuyo que era como por no perder ese puentecito de junio y escaparme un poco de cosas que me pasaban en Bogotá así el remedio fuera peor que la enfermedad.
Como dije, asistí hasta el año pasado o bueno 2005, después de mi traumática experiencia.
Se acuerdan de ese programa “el peor día de tu vida”? pues yo creo que estaban haciendo un programita de esos en Colombia y yo era la protagonista.
Yo viajaba un sábado de puente a la tierra de la lechona y la achira, había decidido irme en una van porque a diferencia de los años anteriores, no sabía de nadie que fuera, así que ya estaba programada para madrugar al Terminal (de verdad no entiendo que me pasaba para que además de querer ir a esas fiestas, también quisiera pasar por semejante odisea).
Así que uno diga que brutos que madrugadota la que me pegué…no. La noche anterior me había ido de rumba y la verdad terminé levantándome como a las 8 a.m. y bastante afectada.
Llegué al Terminal a las 9 y oh que veo, una cola tan larga como la de los pensionados, ese lugar atestado de cajas y gallinas, gritos por acá, por allá, mi cabeza a punto de reventarse y una sed impresionante. Me hice toda la cola para darme cuenta que además de haber hecho la que me llevaba mas o menos al Casanare, por más de que hiciera la correcta, NO HABÍAN TIQUETES PARA EL TOLIMA.
Malaya!!! Y ahora? Me recorrí todo el Terminal hasta llegar a la zona de los taxis para compartir uno quien sabe con quien, esta vez la cola no era como la de los pensionados sino como las de rock al parque, peor!! Pero pues nada, a hacer la fila. Ya eran las 10:30 a.m., tenía guayabo punto fijo, de esos en los que uno le clava la mirada por horas a algo, en mi caso fue a un pionono, porque a qué más? Un Terminal es el emporio de este primario brazo de reina, será que tiene mucha demanda? En fin, ya viendo la cosa negra llamó a mi amiga a Ibagué y le digo que el asunto está grave. Me dice que va a hacer unas llamadas para ver si puede solucionar algo. Me timbra a los 10 minutos y me dice que listo, que su ex suegra me puede llevar, que le llegue a una dirección que además era cerca, que cuando llegara la llamara al celular y listo.
Aleluyaaaaaaaaa, salí corriendo para el sitio. Miré el papelito con la dirección, miré la placa de la edificación…si, efectivamente era ahí y con qué me encuentro? Con un enorme, gigante, apoteósico centro de Oración fuerte al espíritu santo. Habían como cinco terminales allá adentro moviéndose al ritmo de un metal peligroso. Llamé a la señora que sale al minuto, nos presentamos y me dice que el rito está por acabarse y que sale en una media horita, que mientras tanto me subiera al carro que allá estaba el chofer.
Era una camioneta. Adentro había muchas cajas y mucho calor. Me senté en la parte de atrás para esperar. Media hora, una hora, dos horas, tres horas!!!!! Yo estaba en nivel diez de deshidratación y no vendían ni una mazamorra, les juro que en ese momento hasta un cuchucho hubiera sido una bendición. Estaba en la inmunda por el guayabo, el sol insoportable, el chofer hablándome y yo desesperada, hasta que por fin llega esta señora, pero no llegó sola, se apareció con otras cuatro y un niño con cara de apelotardado.
Total, se metieron en esa camioneta y yo quedé relegada al baúl del carro cual chandoso que llevan de paseo al río, menos mal estaba fresquito…argggghhh.
Arrancamos, alabado sea el señor, al menos iba a entrar airecito por la ventana, pero que va.
Señora 1: ay mijo suba la ventana que es que tengo una gripa…
Ok, respira Catica, tu puedes, vamos, prográmate…relájate, son solo tres horas y media…
Señora 2: que bonitas estuvieron las palabras del pastor.
Señora 3: bellas, bellas, que tal cuando habló de aquella mujer que no podía ver, no tenía piernas, ni brazos, era sorda y así y todo montó una peluquería?
Señora 4: increíble, es que póngase a ver…uno todo malagradecido…
Ay si, si, si, ya no más, pero cuando yo pensaba que nada podía ir peor, les da por pedir: música, música, música.
La música cura el alma pensé y así no las escucho. Pero que ingenua fui!!! Que iban a poner? Pues ochenta CD´s de oraciones al ritmo de reggaeton, salsa, cumbia, currulao, hip hop, latin jazz, merengue, bolero, ranchera, house, techno, chill out, guabina, pasillo, bambuco, vallenato, carrilera y mapalé.
Y no, no fueron tres horas y media, fueron seis y en Saturno. Cada paradita sumaba, que el peladito se mareó, que la matera (como si no fuéramos lo suficientemente incómodos), que el quesillo, que el racimo de plátanos, por favor. La única que agradecí fue la paradita por el salpicón, me estaba muriendo! Aunque pensé que dicen que uno con guayabo no puede comer sandía o patilla porque se vuelve veneno en el organismo y uno se puede morir, pero sea cierto o no –ya se que no lo es- me importaba cinco, si al fin al cabo ya estaba muerta en vida.
Me tomé eso como si fuera el néctar de los dioses del Olimpo y pude descansar, aunque no niego que estaba esperando el momento del retorcijón que me enviaría para el otro mundo.
Llegué tardísimo a Ibagué, me esperaba un tamal, una buena ducha y una serie de eventos tan desafortunados como la travesía.