
Cada reunión con amigos es un refrescadero de memoria y de anécdotas. Anoche estaba en el shower de un compañero que se casa; le hicimos una despedida tan zanahoria como divertida en la que recordé en medio de otras cosas con mucha sustancia, el episodio que gracias al patrocinio de ron Tres Esquinas, narraré a continuación.
Todo ocurrió en la época en la que compartía un apartamento con dos amigas. Una de ellas trabajaba en el departamento de medios de una agencia de publicidad, un aquelarre completo donde pululaban las féminas pachangueras, ellas suelen tener un perfil muy específico, se visten igualito, se encierran en el baño de la empresa a ver la mercancía que trajeron de Korea o en su defecto de los yunais y difieren a 78 cuotas hasta el lápiz de cejas black/brown. Son dicharacheras, viven y trabajan por el chisme, están enteradísimas de todo porque les llegan todas las Tv & Novelas, Vanidades, Aló, Cosmopolitan y demás publicaciones trascendentales, llevan al trabajo un almuerzo que no respeta para nada la pirámide nutricional y son fieles exponentes del
"zetzeo". Como podemos notar estos seres representan un peligro en sí y es facil deducir que pasaría si las reunimos a todas en un sólo lugar durante más de ocho horas laborales. Si, es cierto, podríamos llegar a confundirlas con una convención de tías, pero cuidado…mucho cuidado porque eso es en condiciones diurnas y con tintico, otra cosa es lo que sucede cuando se congregan en pro de la despedida de soltera de una de ellas y con galones de sustancias que terminan en “ol”.
Pues bien, a mi querida Room mate se le ocurrió la fantástica idea de convocar en nuestro apartamento a la secta satánica en pleno.
Cuarenta criaturas del mal acudieron al evento, cua-ren-ta!!!. La primera en aparecer fue Belsebú, después llegó Nosferatus quien disculpó a Damian porque tenía gripa, pero eso sí, ahí aparecieron el Viruñas, Belzebú, Mefistófeles y Luzbell.
Estas chicas decoraron el apartamento de tal manera que hacían ver a Hustler como la casita de Hello Kitty, compraron una piñata que llenaron de artículos lascivos, con decirles que un mes después mi mamá fue a visitarme y se encontró con una mini vagina entre la alfombra, eso sin contar los cientos de falitos que uno iba recogiendo y poniendo en cualquier parte de la casa y que hacían que la empleada me preguntara entre ingenua y ocurrente: señorita Catalina me encontré esto al lado del azúcar, es de un arete suyo?
En fin, ya les comenté que había mucho licor, también mucha comida y también mucha lujuria reprimida porque no contentas con organizar todo un videomatch de juegos y concursos sexuales, también contrataron dos shows de estos muchachos cuajadotes y aceitados…como es que se llaman? ah si, strippers.
Yo no conocía a nadie, solamente a mi compañera, de resto era una perfecta desconocida y colada para todas, pero como estaba en una tusa inmunda decidí salir de mi cuarto y ofrecerme de Dj. Me senté en frente del equipo y me sirvieron un vasito con ron. Yo no sé si era por mi despecho o por mi angustía de ver como iban destrozando el apartamento, pero ese traguito se evaporaba y se evaporaba a la velocidad del sonido.
10 p.m. Tun tun, suena el timbre y abro la puerta. Te conozco mosco? Ya un poco contentica le pregunté al hombre de la vida alegre que me sonríe. Ah? Eres el del ssshoooow? Me dice que si y le indico donde puede cambiarse mientras me dice que por fa le ponga un cd que trajo. Como no, soy la Dj! Cinco minutos después sale este señor disfrazado de marinero y empieza a contonearse ante los gritos de cuarenta locas desquiciadas mientras yo miraba con el ojo encharcado como la alfombra iba quedando negra porque al parecer el marinerito acababa de embetunar sus botas. Mi amiga solo me leía los labios: hay que mandar a lavar la alfombra mañana, pilas, yo veré!
No quiero contarles lo que hacía la futura consorte, pero en realidad me pareció que quería desquitarse por haber dicho: sí, acepto.
El show se acabó y despidieron con un fuerte aplauso y uno que otro papasito rico al muchacho este. La rumba siguió, roncito por acá, roncito por allá y acá su servidora en una felicidad absurda, yo ya estaba integradísima, bailaba, cantaba y me puse de un gracioso y amistoso que por poco me regalan uno de sus brillos nacarados made in China.
Mucho gusto, Catalina, una amiga más…
1 a.m. Tun tuuuun. Vuelve a sonar el timbre, abro la puerta y ante mis ojos aparece el segundo show de la noche pero esta vez no le digo nada, solamente levanto los brazos como si estuviera en un concierto de Madonna y pego un alarido: iiiiiuuuuuuuujjjjuuuhhhhhhhhh!!!!! Casi lo mato de un susto.
Igual, el hombre entra, se cambia y sale disfrazado de policía, pero si antes gritaban, ahora parecía que estuvieran sacrificando a un cordero, no se imaginan la gritería, era el clímax de la velada, ropa rasgada, cuerpos aceitados porque ya no solo era el stripper, la música al tope y yo bailando sola con los ojos cerrados al ritmo de algún chis pun, chis pun… o estaba quieta y sentía que todo me bailaba? Aún no lo sé, pero lo que si sabía es que ya nos habían llamado cuatro veces por el citófono a decir que le bajaramos, que qué era esa bulla tan espantosa, que nos iban a mandar a la policía, etc, etc. Por supuesto, nadie hizo caso y menos yo aunque se suponía que era la que estaba mejor.
Que siga la fieeeeeesta!!!!!! Aunque ya estábamos muy por arriba de los decibeles permitidos durante un concierto en el Madison Square Garden.
1:30 a.m. Tun tuunnnn, me paro como puedo y dando tumbos me dirijo hacia la puerta, la abro y veo a dos policías de verdad que me miran con reproche, yo me sonrío y en total estado de inconciencia grito:
Llegaron maaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaásssss!!!!!!!!!!!
Jajaja, yo de verdad creía que eran compañeros del hombre que en ese momento se encontraba en mi sala en traje de Adán sin más indumentaria que su gorra de policía ocultando sus partes “nobles”.
Todavía no puedo creer que les haya dicho eso. Acto seguido entran los policías para ver al chivo que estábamos sacrificando, cuando se encuentran de frente con este pobre tipo empelota emulando a la ley. Hubo un rápido cruce de miradas, la ley…el infractor…la ley…el infractor…momento incomodísimo, cuarenta y un mujeres congeladas presas del pánico y al final, una estruendosa carcajada de los policías reales seguida de la peor alcahuetería que he escuchado en mi vida: señoras, señoritas…por lo visto ustedes la están pasando muy bueno, sólo bajenle un poquito y usted señor…actualice ese uniforme.