Leyendo la última Soho me encontré con un especial conformado por una serie de artículos dónde diferentes personajes cuentan lo que estaban haciendo el día que mataron a Galán. Cuando leí el titular se me vino inmediatamente a la cabeza lo que yo estaba haciendo.
Tres meses atrás me habían operado de los dos pies, yo tenía diez años y después de durar un buen rato con yesos hasta las rodillas, me sentía como si estuviera aprendiendo a caminar, era más torpe que antes de la operación y como parte de la terapia le recomendaron a mis papás llevarme de vacaciones a la playa para caminar sobre la arena húmeda.
Armamos maletas y nos fuimos para Atacames- Ecuador. No sabíamos que esa pequeña ciudad cuyo mayor atractivo eran los crepes de frutas del restaurante Arco Iris o el maíz tostado que acompañaba el ceviche, se había convertido en un apetecido destino turístico no sólo para Colombianos que se sentían potentados frente al Sucre, sino también para cientos de Europeos que por alguna razón encontraban paradisiaco ese lugar.
Habíamos estado unos años atrás y aún guardábamos la imagen de un pueblo tranquilo, por eso nos confíamos de que conseguiríamos con facilidad donde hospedarnos. Error, después de mucho buscar y ya resignados a pasar la primera noche en el Renault 9 TSE color madreperla de mi papá, encontramos un hotelucho con dos camas, sabanas de flores, un baño tapado y una que otra cucaracha que no había entendido que el plazo máximo para desalojar la habitación era las tres de la tarde.
Al otro día, mi hermano y yo teníamos puesto el vestido de baño desde las cinco de la mañana, no tanto por las ganas de pisar la arena curativa, como por el deseo sofocante de poder salir de ese cuartucho con olor a flota.
La terapia empezó temprano, de la mano de mi papá comencé a caminar por la playa. Me sentía una completa tarada. Era la primera vez que caminaba en público y descalza después de la quitada de los yesos, practicamente la mayoría del tiempo mi papá me llevaba a tun-tún para evitar la demora pero ahora se me había acabado el juego y tenía que dar pasos firmes y rectos para fortalecerme. No quiero imaginarme qué pensaba la gente al ver a una niña de 10 años cargada por los papás y luego caminando como un bebé de 12 meses, pero mentalmente sana.
Diez minutos duró la caminata y aproximadamente ocho horas el irresponsable proceso de achicharrarme bajo el sol. Fue mi primera insolación, nunca imaginé que sería así y mucho menos que tuviera que padecerla en ese antro de bombillo amarillo incandecente. Mi mamá me enseñó las bondades curativas de la Leche de Magnesia Philips mientras yo lloraba por ese hotel, por ese ardor, por mis pies y por haberme tirado la salida a comer Crepes al Arco Iris.
El panorama no podía ser más desolador: papá, mamá, hermanito hiperactivo subiéndose por las paredes y un camarón acostado en una cama sencilla.
Por supuesto no había televisor y el aburrimiento era más insoportable que el charco que se formaba cada vez que alguien abría el lavamanos.
Ahora que lo pienso, hace unos 15 días cuando me encontraba en mi cama pensando que experiencia había sido tan desesperante como la que estaba viviendo en ese momento por culpa de la varicela, puedo decir con seguridad que mi convalescencia no tenía nada que envidiarle a esa fatídica estadía en el resort del purgatorio.
Las horas pasaban lentamente, mi papá entraba y salía del cuarto con un radiecito azul tipo transistor que duró facilmente quince años. Salía diciendo: no! que calor! Y entraba diciendo: estas emisoras de acá no cogen bien!.
Así sucedió unas tres veces hasta que con una cara de emoción indescriptible le dice a mi mamá: cogió Caracol, cogió Caracol!!!!
El hallazgo parecía la salvación que tanto estábamos esperando, era como si llevarámos perdidos veinte días en el páramo y de pronto en medio de la nada apareciera la Defensa Civil. El radio sonaba medianamente bien, eran las noticias, noticias colombianas, las mismas de siempre, las que detesto y las que me ardían más que la espalda.
De repente las noticias se interrumpieron y una voz masculina algo alterada, pronunció las siguientes palabras: atención, noticia de última hora…
En ese momento mi mamá nos miró a todos y con los ojos aguados y la misma capacidad para presentir temblores, nos comunicó la noticia antes que el locutor: mataron a Galán.